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Persianas

Origen

La persiana, como su propio nombre indica, tiene origen persa. Fueron los persas los que idearon un sistema de listones horizontales, que, unidos por unos cordeles podían enrollarse y desenrollarse en función del sol. Así es como, antiguamente, se evitaba que entrara el sol en las casas, para protegerse tanto de la luz, como del calor.

Luego se exportó a Italia, y en Venecia concretamente le dieron una vuelta a esa idea, dando lugar a las persianas venecianas. Consistían en láminas horizontales independientes, que además de enrollarse, podían inclinarse para dejar pasar un poco de luz a pesar de estar cerradas.

Hoy en día, las más utilizadas son de PVC. El sistema es muy parecido al que inventaron los persas: las láminas se enrollan hacia arriba para abrirla y dejar pasar la luz, o se bajan, desenrollándose, evitando, así, que pase no sólo la luz, sino también el ruido. 

Una tradición muy arraigada

Hoy en día, España es uno de los pocos países en los que esta tradición se sigue manteniendo.

Hace algunos meses, hablábamos sobre el calor que hace en España. Las persianas, pese a ser de plástico, evitan que pase el calor sofocante en verano, y aíslan del frío en invierno. 

Aunque es cierto que en España hay mucho sol, ahora, en el Siglo XXI, creo que tiene más que ver con la intimidad. Pese a tener fama de abiertos, los españoles somos muy celosos de nuestra intimidad. Pasamos muchas horas en la calle, nos encanta hacer vida fuera de casa y socializar, sobre todo, con familia y amigos. Pero nos gusta mantener la privacidad en nuestras vidas. Además, en España está muy de moda el cotilleo, pero ¡a nadie nos gusta que hablen de nosotros!

En primera persona

Yo en mi casa tengo persianas en todas y cada una de las ventanas. Lo cierto es que cuando salgo fuera, de camping o en hoteles, echo de menos las persianas. No por privacidad, ni por calor o frío, sino por seguridad. Siempre he vivido en pisos bajos. En una ocasión, hace muchos años, unos ladrones entraron a mi casa por una de las ventanas que dejé entreabierta y con la persiana a medio subir. Cuando llegué a casa, me invadió tal sentimiento de indefensión, que desde entonces no salgo de casa tranquila si no cierro las persianas. 

¿Tendrá Haizea persianas en su casa? ¿Y tú, eres más de venecianas? Cuéntaselo en la clase práctica.

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