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Coronavirus

Estas últimas dos semanas he estado con coronavirus. 

Últimamente parece que no existe otra enfermedad, que es la que está en boca de todos, y hasta que no la he sufrido en mis propias carnes, no le he dado la importancia que merece. 

El coronavirus en España

En España, desde verano es obligatorio salir a la calle con mascarilla. Podemos movernos de casa más o menos libremente, pero sabiendo que debemos mantener las distancias y cumplir una serie de medidas de seguridad, entre las que se incluye la mascarilla, si queremos evitar contagiarnos con el dichoso virus.

Hasta hace poco menos de un mes, yo mantenía todas esas medidas: me daba gel hidroalcohólico en las manos cuando tocaba algo en la calle, llevaba siempre mascarilla, mantenía una distancia prudencial si me encontraba con alguien… Pero dentro de mi casa, tenía una sensación irreal de seguridad. Las autoridades sanitarias desde el inicio de la pandemia han desaconsejado reunirse en casa con personas que no viven en dicha casa. Pero a medida que el tiempo avanza, vamos perdiendo el miedo, y desoyendo esos consejos que nos dan los expertos. 

Mi experiencia

En mi caso personal, organizamos una comida con varios familiares en mi casa. Habíamos aprendido una receta de Senegal, una comida que nos encantó, y decidimos compartirla con algunos de nuestros allegados. 

Como estaba en casa, tenía esa sensación de falsa seguridad, por lo que, tanto yo como los míos, bajamos la guardia. En esa comida no llevamos mascarillas, tampoco guardamos las distancias, ni siquiera abrimos una ventana para ventilar el comedor. Por un rato nos olvidamos del virus, porque estábamos en familia. Nadie podía esperar que uno de nosotros estuviera contagiado. Ni siquiera la persona contagiada era consciente de que estaba enferma. 

Y eso es precisamente lo más peligroso del coronavirus, que no sabes que te has contagiado hasta que caes enfermo. 

A mi me vino a casa. Yo le abrí las puertas de mi casa. La impotencia y la vulnerabilidad que sentí cuando me enteré, fue similar a cuando me entraron a robar

La enfermedad

Esa comida la hicimos un domingo. El miércoles al mediodía comencé a sentir un fuerte dolor muscular de repente. Salí del trabajo, casi sin fuerzas y cogí el coche para ir a casa. Me costaba hasta conducir. El volante me pesaba una barbaridad. Pero cuando llegué a mi casa me tomé una pastilla y comencé a sentirme mejor. La tarde la pasé un poco cansada pero me encontraba algo mejor.

Esa noche después de cenar me fui pronto a la cama para poder descansar. Pero, una vez pasado el efecto de la pastilla, la noche se convirtió en una pesadilla. Me dolían todos los músculos de mi cuerpo, notaba muchísimo frío, por lo que deduje que tenía fiebre, pero me pesaban hasta las mantas y no me encontraba con fuerzas de levantarme para tomarme otra pastilla. 

A la mañana siguiente, cuando sonó el despertador de mi marido, le conté lo sucedido y me llevó a hacerme la prueba del coronavirus, en la que me confirmaron el positivo. 

Ni siquiera en ese momento le di mayor importancia. Como la gente dice que es similar a la gripe y que se pasa solo en un par de días, di por hecho que era verdad. Pero no lo es. Cada día era un nuevo síntoma. Comencé con dolor muscular y fiebre. Un par de días después, además del cansancio, tuve dolor de cabeza. En seguida aparecieron las náuseas. Estuve 3 días en la cama, sin poder moverme, porque las ganas de vomitar y los mareos iban a peor cuanto más me movía. Finalmente, decidí que algún medicamento podrían recetarme, y llamé a mi médico por teléfono. Muy amablemente me recetó, también por teléfono, unas pastillas con las que por fin pude empezar a levantarme de la cama y comenzar a comer. A partir de ahí, los síntomas iban variando (pérdida de olfato, de gusto…), pero poco a poco fui retomando fuerzas y en 3 días estuve totalmente recuperada. 

Lo aprendido con el coronavirus

Cada persona lo sufre de manera diferente. No todos tenemos los mismos síntomas. Hay incluso personas asintomáticas, que no notan ni un solo síntoma, pero si algo he aprendido yo de esta experiencia es que el coronavirus no siempre se pasa solo en un par de días como la gripe, que es peligroso, y que hasta el estado anímico del enfermo es importante. Ahora sé que todas esas medidas de seguridad de las que hablan los expertos son importantes, sobre todo en casas y lugares cerrados, que nunca hay que bajar la guardia, y por supuesto, que el respeto al virus es algo que nunca podemos perder.

Haizea también ha sufrido la experiencia del coronavirus, pregúntale cómo la ha vivido ella en nuestra clase práctica. Y tú, ¿has sobrevivido al coronavirus? Cuéntanos cómo ha sido tu experiencia.

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